Sorprender
Los artistas de circo nos preguntamos
con desesperación cómo sorprender a los espectadores. Ser perfectos en la
tradición no basta. Intentamos, entonces, el exceso en las suertes conocidas:
un salto mortal con cinco vueltas en el aire, hacer malabarismos con diez
yunques y diez plumas, tragarnos un paraguas, o un poste del alumbrado,
sostener una pirámide humana en la cuerda floja, entrar a una jaula con
trescientos cincuenta leones y dos tigres, hacer desaparecer para siempre a los
enemigos de una persona del público elegida al azar. ¿Cómo sorprender a los espectadores?
En los nuevos circos, adornamos los viejos trucos con el vestuario, con la
coreografía, con las luces, con la cantidad de personas en escena. A medida que
envejecemos, el exceso nos cuesta demasiado y ya no somos lo bastante bellos,
lo bastante elásticos, lo bastante ingeniosos para tomar parte de los nuevos
circos. ¡Cómo sorprender a los malditos, a los cínicos espectadores que ya lo
han visto todo? En un intento de obtener el espectáculo supremo, nos dejamos
morir entre aplausos sobre la arena y no es suficiente, no es suficiente, eso
lo hace cualquiera.
Ana María Shua
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