Piso amueblado
Desde hace dos semanas, Lola se ha convertido en un
mueble más del salón de su casa (mueble con movimiento, no obstante) esperando
la visita del polvo, de los rayos del sol o del aire que se filtra a través de
la ventana.
Lola no es un mueble de salón todas las horas del día: de
ocho a tres es un mueble gris de oficina. Andrés telefoneó ayer: cuatro
palabras tras dos semanas de reflexiones y un ‘adiós’, seguiremos siendo buenos
amigos. Lola, al colgar, se echó a llorar, hasta que, extenuada por el dolor,
se quedó dormida en el sofá. Esta mañana, al despertar, intentando escapar de
la tristeza, se ha animado a poner u anuncio en el periódico:
‘Se busca hombre joven para compartir piso con buenas
vistas. Totalmente amueblado’.
Por la tarde ha venido a ver el piso un chico joven,
moreno, de mediana altura. Será, sin duda, el nuevo inquilino. A Lola le ha
causado buena impresión. Y se diría que, a él, cansado de tantos pisos que salen
de su presupuesto (y a juzgar por la altura de su mirada y por el tono amable
de su voz), le han gustado todos, absolutamente todos los muebles de la casa.
Francisco Rodríguez Criado
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