Kalenda maya
En larguísimos túneles sombríos duermen
las niñas alineadas como botellas de champaña. Los maléficos ángeles del sueño
las repasan en silencio. Golosos catadores, prueban una por una las almas en
agraz, les ponen sus gotas de alcohol o de acíbar, sus granos de azúcar. Así
se van yendo por su lado las brutas, las damisecas y las dulces, un día todas
burbujeantes y núbiles. A las más exaltadas les aseguran un tapón de corcho con
alambres, para sorprender a los ingenuos la noche del balazo.
Viene luego la promiscuidad de los
brindis, conforme van saliendo las cosechas al mercado. Hay que compartir el
amor, porque es una fermentación morbosa, se sube pronto a la cabeza, y nadie
puede consumir una mujer entera. ¡Kalenda maya! La fiesta continúa, mientras
ruedan por el suelo las botellas vacías.
Sí, la fiesta continúa en la superficie.
Pero allá, en las profundidades del sótano, sueñan las niñas con funestas
alegorías, preparadas con espíritus malignos.
Silenciosos entrenadores las ejercitan
con sabios masajes, las inician en equivocados juegos. Pero sobe todo, les
oprimen el pecho hasta asfixiarlas, para que puedan soportar el peso de los
hombres y siga la comedia, la pesadilla del cisne tenebroso.
Imagen: https://www.blogger.com/blog/post/edit
Juan José Arreloa

No hay comentarios:
Publicar un comentario