El mundo
Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.
Augusto Monterroso
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La vida en común
Alguien que a toda hora se queja con
amargura de tener que soportar su cruz (esposo, esposa, padre, madre, abuelo,
abuela, tío, tía, hermano, hermana, hijo, hija, padrastro, madrastra, hijastro,
hijastra, suegro, suegra, yerno, nuera) es a la vez la cruz del otro, que
amargamente se queja de tener que sobrellevar a toda hora la cruz (nuera,
yerno, suegra, suegro, hijastra, hijastro, madrastra, padrastro, hija, hijo,
hermana, hermano, tía, tío, abuela, abuelo, madre, padre, esposa, esposo) que
le ha tocado cargar en esta vida, y así, de cada quien según su capacidad y a
cada quien según sus necesidades.
Augusto Monterroso
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La mosca que soñaba ser un águila
Había una vez una mosca que todas las noches soñaba que era n Águila y que se encontraba volando por los Alpes y por los Andes.
En los primeros momentos esto la
volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le causaba una sensación de
angustia, pues hallaba las alas demasiado grandes, el cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras
demasiado fuertes; bueno, que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto
sobre los ricos pasteles o sobre la inmundicia humana, así como sufrir a
conciencia dándose topes contra los vidrios del cuarto.
En realidad, no quería andar en las
grandes alturas o en los espacios libres, ni mucho menos.
Pro cuando volvía en sí, lamentaba
con toda el alma no ser un águila para remontar montañas. Y se sentía
tristísima de ser una mosca, por eso volaba tanto, y estaba tan inquieta, y
daba tatas vueltas, hasta que lentamente, por la noche, volvía aponer las
sienes en la almohada.
Augusto Monterroso
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El grillo maestro
Allá en tiempos muy remotos, un día
de los más calurosos del invierno, el Director de la Escuela entró sorpresivamente
al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar,
precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del
Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante
el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los pájaros
cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente
el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.
Al escuchar aquello, el Director, que
era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se
retiro, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.
Augusto Monterroso
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El camaleón que finalmente no sabía de qué color ponerse
En un país muy remoto, en plena selva
se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quien le
había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los
otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y
empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos
vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando
él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse,
digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían,
y para ellos continuaba siendo el mismo camaleón morado, aunque se condujera como
Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía
anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.
Esto sólo en cuanto a los colores
primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien
no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que
el mañoso se tornaba completamente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color
más o menos definido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones
de cristales.
Pero lo bueno fue que el Camaleón,
considerando que todos eran de su condición adoptó también el sistema. Entonces
era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida
que cambiaban los colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes
ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.
Como es fácil comprender, esto se
convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los
más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos
de que todos estuvieran dispuestos a ser cagados y perdidos definitivamente por
los dioses, y restablecieron el orden.
Además de lo estatuido por el Reglamento
que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas
de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de
determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de
alguien, podía recurrir a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo
con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.
Sólo el León que por entonces era el
Presidente de la Selva se reía de unos y
de otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por
divertirse. De esa época viene el dicho de que:
‘Todo camaleón es según el color
del cristal con que se mira.’
Augusto Monterro
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Dejar
de ser mono
El espíritu de investigación no tiene límites. En los Estados Unidos y en Europa han descubierto a últimas fechas que existe una especie de monos hispanoamericanos capaces de expresarse por escrito, réplicas quizá del mono inteligente que a fuerza de teclear una máquina termina por escribir de nuevo, azarosamente los sonetos de Shakespeare. Tal cosa, como es natural, llena a estas buenas gentes de asombro, y no falta quien traduzca nuestros libros, ni, mucho menos, ociosos que los compren, como antes compraban las cabecitas reducidas de los jíbaros. Hace más de cuatro siglos que Fray Bartolomé de las casas pudo convencer a loa europeos de que éramos humanos y de que teníamos un alma porque nos reíamos ahora quieren convencerse de lo mismo porque escribimos.
Cómo
acercarse a las fábulas
Con precaución, como a cualquier cosa pequeña. Pero sin miedo. Finalmente se
descubrirá que ninguna fábula es dañina, cuando alcanza verse en ella alguna
enseñanza. Eso es malo.
Si no fuera
malo, el mundo se regiría por las fábulas de Esopo; pero en tal caso
desparecería todo lo que hace interesante el mundo, como los ricos, los
prejuicios sociales, el color de la ropa interior y la guerra; y el mundo sería
entonces muy aburrido, prque no habría heridos para las sillas de ruedas, ni
pobres a quienes ayudar, ni negros para trabajar en los muelles, ni gente
bonita para la revista Bogue.
Así, lo
mejor es acercarse a las fábulas buscando de qué reír.
-Eso es. He
ahí un libro de fábulas. Corre a coprarlo. No, mejor te lo regalo; verás, yo
nunca me había reído tanto.
Augusto
Monterroso
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La oveja negra
En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
Augusto Monterroso
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