Mañanitas de abril
¡Qué frías, esta mañana, las baldosas de la alcoba, con los pies desnudos!
En la calle, anego los pulmones con el olor de la tierra mojada y la menta
del huerto.
El último jirón de niebla despeina la “ceja”, pinos arriba.
En lo más alto, se recorta nítida la ermita de San Gil.
Sólo el tirabuzón blanco de un reactor ha rasgado el azul.
El pastor de las cabras hace mugir su cuerno ancestral y húmedo de mares.
Los caracoles dibujan en la hierba caminos plateados y el primer chotillo
ya ramonea entre la flor del endrino, las uvillas del arlo y el cuco del
enebro.
Humea una chimenea tempraneando olores de leña y pan. Mientras me acerco,
los charcos quietos me multiplican.
Félix
Félix
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