La rana que querría ser
una rana auténtica
Había una vez una fana que quería ser una rana auténtica, y todos lo días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor
estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse
(cuando no le quedaba otro recurso) para
saber si los demás la aprobaban y
reconocían que era una rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente
sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas
ancas cada vez mejores, y sentía que
todos la aplaudían.
Y así siguió haciendo esfuerzas hasta que, dispuesta a cualquier
cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar
las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con
amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.
Augusto Monterroso
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